Capítulo Cuatro

El sacerdote encendió la señal de la guerrera y los aldeanos oraron para ayuda. Pero la guerrera no vino. Ramona estuvo solo. Entonces oyó un rugiente ruido y la terea empezó temblar. De repente varios hombres a caballo embistieron en el pueblo. Ellos fueron fieros guerreros y ellos combatieron los monstruos. Pronto los monstruos restantes se retiraron. El pueblo fue salvado.
“Gracias, señor.” Ramona dijo a el líder. “¿Como se llama?”
“Me llamo Rogelio de los caballeros del alba.”
“Encantada Rogelio. Ustedes nos salvaron. ¿Cómo podemos agradecen ustedes?”
“Por favor, no toma a la iglesia de guerrera Andrea. El reino es en gran peligro. Debemos hablar con el sacerdote guerrero.”